© Citroën BX GTI 16 válvulas
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© MGB GT
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Patxi Etxarri Osinaga nació en Pamplona en 1966 y desde su juventud se interesó por la pintura, a la que se consagró con mayor dedicación a partir de los 18 años, cuando empezaron a llamarle la atención las secciones de arte automovilístico publicadas en las revistas de coches. Patxi Etxarri perfeccionó su técnica pictórica de manera autodidacta y elige el óleo o las pinturas acrílicas dependiendo del soporte, ya se trate de lienzo o de papel de acuarela. Su preferencia en cuanto al formato se sitúa en torno a los 550 x 450 cm, tamaño en el que están realizados sus cuadros más recientes.
© Mercedes Gullwing
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© Mini 1000
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La producción de Etxarri abarca más de 100 obras ejecutadas durante los 20 últimos años, encontrándose la mayoría de ellas en colecciones privadas. Sin embargo, la pintura de coches es sólo una variante dentro de los usos pictóricos del autor.
© Mini Cooper
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© Peugeot 204 Cabriolet
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La afición por los coches en general y por los clásicos en concreto, entendiendo que el concepto de clásico es una cuestión de devenir temporal, está presente desde siempre en la vida del pintor, con una debilidad marcada, nunca elitista, por aquellos vehículos que más escasean en las carreteras nacionales, con el recuerdo siempre vivo en los coches de su infancia y una añoranza especial de las miniaturas con las que jugaba, reproducciones de coches populares de la segunda mitad del siglo XX.
© Peugeot 205 GTI 1,9
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© Peugeot 404 Cabriolet
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La conjunción de arte y máquina que se plasma en las obras de Patxi Etxarri pudo tener su catalizador en los reportajes publicados en las secciones artísticas de revistas como L’Automobile Magazine, aunque la base documental y bibliográfica de preparación de los cuadros comprende la consulta de catálogos técnicos y otras publicaciones especializadas como, por ejemplo y por sólo citar algunas de ellas, Autorétro, Motor Clásico, Auto Hebdo, Car&Driver, Rétroviseur o Ruoteclassiche.
© Peugeot 504 Coupé
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© Peugeot 604
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En cuanto a la técnica pictórica de este artista, su pincelada ha evolucionado desde un primer impresionismo hacia un hiperrealismo de paisajes variados, en ocasiones irreales, cuyo fin último es que el objeto principal cobre todo el protagonismo que merece, potenciando los valores de línea, color y composición, forzando las perspectivas para realzar los volúmenes. La mano del artista reviste la frialdad propia del objeto inanimado de los materiales omipresentes en el automóvil (chapa, cristal o caucho) de cualidades que nos transportan de lo físico (volumen, espacio, velocidad) a lo emotivo, en un proceso creativo que empieza con la documentación y selección de fondos reales o figurativos que fortalezcan la presencia y la esencia del coche.