A mediados de los años cincuenta, Alfa Romeo encargó
la realización de dos carrocerías, una abierta y otra
cerrada, sobre el mismo bastidor y componentes
mecánicos.
El coupé fue confiado a Bertone y el spider a la vista
de los lectores fue una afortunada realización de
Pininfarina.
Este ejemplar se encuentra en estado de origen,
habiendo conservado su interior, pintura y detalles de
acabado de fábrica, pero su conductor ha realizado
algunas modificaciones para hacerlo más fiable y
adaptado a las condiciones del tráfico cotidiano. Los
asientos llevan unos apoyacabezas supletorios y los
espejos retrovisores procuran un mejor ángulo de
visión.
Como transformación mecánica de mayor importancia
cabe destacar la sustitución del motor por otro,
también Alfa Romeo, de similares características, pero
de mayor cilindrada, más potente y elástico. Las
llantas se han conservado con neumáticos modernos de
sección más ancha, que procuran mejor agarre y
estabilidad.
El coche se comporta bien en todas las situaciones de
tráfico, tanto en ciudad como en carretera, tiene una
líneas armoniosas y permite disfrutar de las
sensaciones de la conducción al aire libre, estando
provisto de una capota de urgencia para proteger a sus
ocupantes de las inclemencias.
De todos los coches clásicos que ha tenido, este es el
único del que su propietario no desea desprenderse.