AL VOLANTE


MERCEDES-BENZ
230 Cabriolet B


Mercedes 230 Cabriolet B

Un lecteur et ami de Catalogne, passionné des voitures et, notamment, fan convaincu de Porsche, m'a fait parvenir ses souvenirs d'enfance, très attachés aux voitures de son père. Il m'a raconté les belles promenades avec ses parents à bord d'une petite Fiat Balilla, puis de l'imposante Mercedes-Benz 230 Cabriolet B qui, hélas!, devait rouler capotée sur demande de sa mère, toujours soucieuse de sa coiffure. On était loin des coupe-vent équipant les roadster de nos jours, qui éliminent les remous d'air. Le service de documentation de l'usine à Stuttgart a identifié le type de voiture à partir d'une photo de la famille. Voici un témoignage vivant de l'époque connue par cette magnifique auto.



Entre los confusos y lejanos recuerdos que tengo de mis años mozos, destacan con nitidez las vivencias de la época dorada en que teníamos un Mercedes en la familia.

Cuando mi padre, empresario textil en Cataluña, industria que gozaba de un auge económico en España en aquellos años de posguerra y autarquía, decidió cambiar el valiente Fiat 1100 de morro alto por otro coche más amplio que alojara convenientemente a nuestra familia, dudaba entre el recién llegado Seat 1100, de formas redondeadas, y el Mercedes que ilustra estas páginas, que me brindan gentilmente la ocasión de rememorar para los lectores de Al Volante algunas facetas del automovilismo cuando empezaba a desarrollarse y a popularizarse como el que transcurridos algunos años se convertiría en el principal medio de transporte del mundo moderno.

En la elección influía de manera muy importante el factor precio, ya que en un período de escasez de divisas las importaciones en general estaban fuertemente restringidas por la ley de control de cambios y, por este motivo, los coches de importación eran una rareza. Una licencia de importación sólo se conseguía entonces a base de influencias.

Sin duda, en la decisión final de la compra influyó el hecho de que mi tío, con el que manteníamos una estrecha amistad y en el que luego he querido apreciar algunos rasgos del personaje de Jacques Tati, era propietario de una cadena de cines en la región y había adquirido por aquel entonces un flamante Mercedes descapotable de color negro, que ya había hecho las delicias de mi tía y mi madre cuando paseaban a velocidad moderada admirando el paisaje sentadas en el asiento trasero del espléndido cabriolet.

Mi único hermano, que luego se convertiría en un artista plástico de renombre internacional, deseaba tan fervientemente como yo que mi padre comprara el Mercedes en lugar del Seat. Supongo que mi padre también tomó en consideración nuestros deseos al decidirse por el Mercedes, creencia en la que debo persistir hoy sin haberla confirmado, porque entonces, en la educación de los jóvenes, no se contemplaba la posibilidad de que el intercambio de opiniones con sus mayores influyera a la hora de tomar decisiones.

El Mercedes me gustaba por su color granate combinado con la tapicería de piel beige claro y el salpicadero de madera oscura. Del cuadro de indicadores tengo grabada la imagen de su iluminación nocturna que resplandecía con un color verde de aspecto fluorescente produciendo un efecto muy original que aún recuerdo con agrado.

Mercedes 230 Cabriolet B
© Mercedes-Benz Werkfoto 1937

Curiosamente, mi padre jamás hizo grandes desplazamientos al volante del Mercedes, ya que se movía siempre en el área de su actividad profesional, circulando con frecuencia por carreteras sinuosas bordeando la costa, donde ibamos a pasar muchos fines de semana a casa de mis tíos. También viajábamos a menudo por zonas del litoral, todavía inexplotado turísticamente y en una ocasión el Mercedes se nos quedó clavado en la playa, necesitando ayuda para zafarlo de la arena. Durante aquellos fines de semana, solíamos ir a restaurantes de los que, con otros lugareños, éramos los primeros clientes y descubridores de las excelencias de su mesa. Luego, estos modestos bares y establecimientos familiares se convirtieron en afamados restaurantes que cuentan con las visitas periódicas de reyes y presidentes de gobierno.

Costa mediterránea
Bellos paisajes en la sinuosa costa mediterránea

Mi padre también utilizaba su flamante coche de importación para ir y venir de su fábrica textil al chalet donde veraneábamos. Los largos meses de vacaciones escolares siempre se nos hacían cortos y pronto nos encontrábamos de nuevo cargando los bultos en el Mercedes para emprender el regreso. La carretera discurriendo cerca de nuestro domicilio, sigue conservando un sinnúmero de curvas. La más famosa, conocida como "la Paella", describe un semicírculo de ciento ochenta grados y recuerdo que en ella el tren trasero del Mercedes producía al desplazarse unos ruidos secos que eran mejor percibidos por quienes ocupaban la parte trasera del coche.

Mercedes 230 Cabriolet B
© Mercedes-Benz Werkfoto 1937

También recuerdo que a partir de los 80 km/h se oía un silbido, que no sé si era producido por el motor o por la transmisión, pero que a mí me producía una agradable sensación, como si viajara en un avión a reacción o en un vehículo muy moderno. Las autopistas eran inexistentes y las curvas muy abundantes, circunstancia que hacía que, cuando viajábamos de noche, yo me mareara con frecuencia y lo pasara francamente mal, pero todas las molestias valían la pena con tal de encontrarme a bordo de nuestro maravilloso Mercedes, admirado por cuantos observaban su paso.

Al adquirir mi padre otra fábrica, la frecuencia de sus desplazamientos de negocios fue en aumento y todos terminamos por convertirnos en entusiastas del volante. Una noche, esperábamos que mi padre regresara de uno de esos viajes para cenar en casa, cuando nos llamó por teléfono diciendo que se retrasaría porque había pinchado una rueda, excusa bastante tonta pues todos sabíamos que el Mercedes iba bien provisto de ruedas de repuesto. En el curso de la conversación, mi padre terminó reconociendo que había tenido un "ligero" accidente que se produjo ya sin luz diurna en una larga recta, quizá el único lugar de su recorrido donde era posible alcanzar una velocidad respetable. Un camión que daba servicio a un hotel de la zona entró a la carretera principal desde un camino lateral, obstaculizando al Mercedes que no pudo frenar e impactó contra la parte trasera del camión, causándose importantes daños en toda su parte delantera. Uno de los dos mecánicos textiles que viajaban con mi padre recibió en el rostro el impacto de algunos fragmentos de cristal roto del parabrisas destrozado, que le causaron heridas leves. En aquellos tiempos no se habían inventado aún los cristales laminados.

Después del accidente, el Mercedes fue reparado mal que bien, debido a la escasez de piezas de recambio y tras la reparación mi padre se quejaba de la poca calidad de las parábolas, que era como se llamaba entonces a los elementos ópticos de los faros. Por su parte, el motor recibió un carburador que no era el adecuado y el consumo de gasolina del coche se desorbitó.

Tras el período floreciente que conoció la industria textil, el sector se vio afectado por una paulatina aunque irreversible decadencia económica y laboral, que tuvo consecuencias negativas para mi familia. En esta desfavorable coyuntura económica también se vio inmersa la industria textil europea en general. Como consecuencia de esta crisis generalizada, la importante colección del industrial textil alsaciano Fritz Schlumpf pasó a manos de un consorcio público con participación privada que fundó el Museo Nacional del Automóvil en Mulhouse. Por otra parte, mi padre empezaba a necesitar un coche más versátil que el ya algo anticuado Mercedes y finalmente se desprendió de este último para comprar un modesto Seiscientos del que, en realidad, se sirvió muy poco porque, aunque todavía muy joven, pronto vinieron a aquejarle problemas de salud que le obligaron a un retiro prematuro.

La historia del Mercedes quedó profundamente vinculada a la de nuestra familia y no me sorprenden las historias similares que se repiten en algunas novelas y películas donde los avatares de los protagonistas aparecen fuertemente entrelazados con la suerte de haciendas, como Tara en Gone With the Wind, o de coches, como en The Yellow Rolls-Royce o en Driving Miss Daisy.

Fiat Balilla 1100
Fiat Balilla 1100
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