Los grandes proyectos y realizaciones suelen ser resultado del trabajo
y del entusiasmo personal, a los que a veces también se añade
el azar, en mayores o menores proporciones, como ingrediente necesario
para su culminación.
Los
hermanos Hans y Fritz Schlumpf eran propietarios de una importante hilatura
de lana que encontró su apogeo entre los años 1935 y 1940.
Fritz Schlumpf tenía un apetito insaciable por el coleccionismo
de coches, que le impulsaba a adquirir todas las piezas que consideraba
de interés, tanto en Francia como en el resto de Europa y no dudaba
en fletar vagones de tren para transportar sus adquisiciones en lejanos
países hasta su fábrica en Mulhouse. Con el transcurso del
tiempo, Fritz Schlumpf reuniría una de las colecciones de coches
más importantes del mundo, tanto por su número como por su
interés histórico.
La ciudad de Mulhouse está situada en Alsacia, al sur de Estrasburgo
y a tiro de piedra de Molsheim, donde Ettore Bugatti fabricaba sus coches
legendarios a los que concedía una atención artesanal,
construyendo
sus piezas como si de obras de arte se tratara. Quizá debido a esta
proximidad geográfica, la colección Schlumpf es particularmente
rica en Bugattis, pero prácticamente todas las marcas europeas de
interés están presentes en el ahora Musée National
de l'Automobile, cuyos fondos se nutrieron de la colección Schlumpf
cuando la fortuna del magnate vino a menos y los avatares económicos
le llevaron a la quiebra, la huida a Suiza y la liquidación de sus
bienes.

El
museo ha sido enteramente renovado y cuenta ahora con unas instalaciones
que han respetado la estructura original de la fábrica textil, sobre
todo su espectacular patio de lámparas, que es una maravilla modernista.
La reapertura, a finales de marzo de 2000, ha supuesto una mejor y más
atractiva presentación de los coches por entre los que el viajero
puede pasear contemplando la evolución histórica del
automóvil
y sus hitos más importantes desde principios de siglo hasta nuestros
días. Un
desplazamiento a Mulhouse es imprescindible para el especialista
en la marca Bugatti, pero también es de gran interés para
el aficionado al automovilismo y no está exento de atractivo para
el público en general, pues la visita es amena y los coches expuestos
ciertamente espectaculares.
Por lo que a Porsche se refiere, su presencia en este lugar de culto
no debía faltar y la fábrica de Stuttgart tiene cedidos algunos
modelos muy significativos, como el 959 que ganó el Rally
París-Dakar,
colocado sobre arena en un ámbito recogido que reproduce el aislamiento
y la soledad del desierto.
El extraordinario 908LV de la foto quedó tercero en las 24 Horas
de Le Mans en dos ocasiones, en 1968 y en 1972. Se aprecia particularmente
su cola larga, que le proporcionaba una mejor estabilidad a gran velocidad
en las largas rectas de Le Mans.
Por
su parte, Jacky Ickx y Derek Bell ganaron la edición de 1981 de
las 24 Horas de Le Mans al volante de este perfilado 936 Spyder, número
de bastidor #936003, y el fuertemente modificado 935 de 1976, número
de bastidor #935005, contribuyó a que Porsche conquistara el Campeonato
del Mundo de Marcas ese mismo año.
También el 956C de 1982 cuenta con un importante palmarés,
puesto que consiguió el segundo puesto en las 24 Horas de Le Mans
conducido por Jochen Mass y Vern Schuppan.
En cuanto a otras marcas significativas o de singular prestigio, Hispano-Suiza está representada en las colecciones del museo con los ejemplares que se detallan a continuación:
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1.- 1912, tipo Alfonso XIII, #1851
2.- 1912, tipo Alfonso XIII, #1854
3.- 1927, tipo H6B, #11856
4.- 1932, tipo K6 cabriolet, #16027
5.- 1933, tipo J12 cabriolet, #14010
6.- 1933, tipo J12, #14021
7.- 1934, tipo J12, #13035
8.- 1935, tipo K6, #15034 |
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El viajero puede aprovechar su estancia en Alsacia para visitar el castillo
de Haut-Koenigsburg, construido en la cima de una colina que domina la
región,
así como para degustar los platos típicos de la rica cocina
alsaciana en la vecina Colmar, uno de los lugares turísticos de
más atractivos de la zona. Alsacia también es rica en vinos,
como el Pinot Noir, tinto, o el Gewurztraminer, blanco, de excelente
reputación.
La
visita puede prolongarse durante toda la jornada y el museo ofrece un buen
servicio de restauración para permitir a los aficionados reponer
fuerzas convenientemente. El vetusto restaurante que databa de la primera
época del museo, de estilo barroco, ha sido dividido en tres zonas.
La primera de ella conserva parte del restaurante original, con sus estatuas
de escayola al gusto de la época, y se reserva para acontecimientos
de marca y recepciones. La parte central se ha convertido en un funcional
restaurante denominado Grand Prix, con decoración en rojo y negro
y donde es aconsejable reservar mesa, pues está muy frecuentado.
El ayudante del chef se llama Pedro y es de origen sevillano, circunstancia
que facilita los trámites a los visitantes hispanohablantes. La
tercera zona, en fin, es un moderno self-service de mayor cabida, preparado
para atender a los clientes a una mayor velocidad.
El viajero puede dejar su coche a unos cien metros de la entrada principal del
museo, en un aparcamiento más o menos vigilado que cuesta 10 francos, es
decir, 1,52 euros por el tiempo que dure la visita. El acceso al museo cuesta
sesenta francos, esto es, 9,15 euros. y en el quiosco-tienda pueden adquirirse
los souvenirs
de rigor.
Para obtener información
más detallada, los interesados pueden dirigirse a: Musée
National de l'Automobile, 192, avenue de Colmar, F-68100 Mulhouse, Tel.: 3
89 33 23 23, Fax: 3 89 32 08 09.