La marca de los prestigiosos automóviles españoles Pegaso tiene un origen poético y antiguo, puesto que, en la mitología griega,
Pegasos era el caballo alado que nació de la sangre de Medusa, muerta a manos de Perseo. Antes de convertirse para siempre en una constelación boreal, Pegaso fue la montura de Zeus y sirvió de inspiración a los artistas y literatos de la antigüedad.
Los Pegasos de las imágenes, mucho más modernos, fueron diseñados por Wifredo Pelayo Ricart y Medina, ingeniero barcelonés, que desempeñó un papel importante en el departamento de competición de Alfa-Romeo antes de la Segunda Guerra Mundial.
En 1958, cuando Pegaso abandonó la producción de automóviles deportivos para consagrarse por completo a la fabricación de camiones, se habían producido menos de un centenar de coches, por lo que es raro poder admirar hoy en día uno que se encuentre en su estado de origen, sin restaurar, como sucede en el caso del ejemplar de la colección Schlumpf, albergada en el Museo Nacional del Automóvil de Mulhouse (Francia).
El Z-102 Coupé de 1956, con carrocería Touring en magnífico estado original, circuló en su época dorada por las calles de Madrid, donde fue matriculado con el número M-149.733. Ahora se exhibe en los salones del automóvil más prestigiosos, como en Techno Classica Essen, en busca de un nuevo propietario.
Pegaso Z-102 Coupé. Barcelona |
El motor del Pegaso Z-102 es tan agradable de contemplar como la propia carrocería. |
Un lector de Barcelona ha visitado el salón AutoRetro donde pudo fotografiar este extraordinario Z-102. Asimismo, informa de que "el Pegaso Z-102 es el único vehículo español que ostentó el
récord de velocidad en las categorías del kilómetro lanzado y en la prueba de aceleración de mil metros con salida parada, así como en las mismas especialidades para la milla lanzada y con salida parada".
En este ejemplar extraordinario en perfecto estado de origen se aprecia la ligereza de
líneas de la carrocería de Serra, que afortunadamente
se aparta definitivamente de los pesados diseños del
francés Saoutchik, innecesariamente barrocos.
Los Pegaso han servido de modelo para realizar algunas
miniaturas que, a falta de poseer el original,
procuran al aficionado la ilusión de tener un
automóvil excepcional. Para completar el realismo en
su realización, los modelos presentados también corren
como los de verdad al estar provistos de motores
eléctricos.