Con la presencia record de 110 vehículos de época y numeroso público, el sábado 25 de marzo de 2000 tuvo lugar el comienzo de las actividades de la 42 edición del Rally Internacional de Coches de Época Barcelona - Sitges, con una jornada de puertas abiertas, en los jardines del Palau Reial de Pedralbes en Barcelona.
Los vehículos fueron expuestos en la plaza que hay frente al edificio del Palacio, en cuyo centro hay un gran y vistoso estanque circular. Algunos clásicos aparcaron rodeando el estanque, lo que dificultó al público su aproximación a los coches y la toma de imágenes, pues para fotografiarlos de frente hubiera sido necesario disponer de botas de caucho de pescador y meterse en el interior del lago. Otros aparcaron por los alrededores en lugares sin impedimentos ni obstáculos que impidieran observarlos en detalle.
La exposición de los automóviles veteranos coincidía con otra de muy distinta naturaleza, ya que, en el interior del Palacio, el artista plástico Barceló presentaba sus obras de cerámica. En una gran tarima se instaló una orquesta sinfónica con numerosos profesores que interpretó obras de Tchaikovski, incluido "El Cascanueces", y algunos aires de música popular catalana. Los jueces merodeaban alrededor de los automóviles, bloc de notas en mano, puntuando su aspecto y estado general. El conjunto contribuyó a recrear una atmósfera de nostalgia y esplendor decimonónico, dando la sensación de que habíamos retrocedido en el tiempo. El efectuar una toma de imágenes decente se convirtió en una verdadera pesadilla, pues el público ensimismado por la indiscutible belleza de algunos automóviles cruzaba constantemente por delante de las ópticas de la cámaras. Además, había gran cantidad de fotógrafos profesionales y aficionados que competían por procurarse los mejores puntos de vista. Una táctica que empleé con algún éxito fue asociarme momentáneamente a otros fotógrafos y así, de común acuerdo, gozábamos de cierto efecto disuasorio entre los menos decididos en la caza de imágenes. De este modo es como pude tomar la foto de este magnífico Talbot.

Con algún que otro espectador comenté, al tiempo que admirábamos un impresionante y lujoso Lincoln, que las opciones de supervivencia para un peatón serían mínimas en el caso de ser atropellado o embestido por alguno de estos vehículos, con los ejes y ruedas por delante del motor y con su enorme radiador, elementos a los que se añaden los faros sobresaliendo de la carrocería y la afilada figura de una estilizada dama rematando su calandra y haciendo las veces de jabalina. Las cigüeñas, preciosas hay que reconocer, de los Hispano Suiza, no tardaron en desaparecer puesto que causaban heridas de cierta consideración en el rostro y ojos de los mecánicos y chóferes cuando accionaban a mano las manivelas para arrancar el motor.

En aquellos tiempos no existían tantas normativas que velaran por la seguridad pasiva de los pasajeros y peatones. De cualquier forma, sería injusto no recordar que también existían leyes de protección que difícilmente serían aplicables hoy en día, por ejemplo, el hecho de sobrepasar la terrorífica velocidad de 30 km/h en Francia podía resultar en un hospedaje gratuito a cargo del Estado en la Santé y en Inglaterra, si no recuerdo mal, se dictó un reglamento que obligaba al vehículo a ir precedido por un jinete que iba avisando con una trompeta de la llegada del monstruo, al tiempo que agitaba una bandera roja, pues nadie se fiaba de la capacidad de frenada del vehículo.
A mediodía, al terminar la exposición, los vehículos se dirigieron a la zona del Port Olimpic para una comida de hermandad. El Rally propiamente dicho, al que desgraciadamente no pude asistir, tuvo lugar el domingo día 26, pero, por la imágenes retransmitidas por TV3, pude comprobar que unos manifestantes con pancartas, vecinos de unas urbanizaciones próximas y enfrentados con la alcaldía de Sitges por temas vecinales, aprovecharon la popularidad del Rally para llamar la atención sobre sus problemas, bloqueando el acceso a las costas del Garraf, por donde discurre tradicionalmente el Rally.
Tras algunos pequeños incidentes con algunos manifestantes, a los que la Guardia Civil trataba de convencer para que se dispersasen, las aguas volvieron a su cauce y, finalmente, tanto los manifestantes como las fuerzas del orden arrimaron solidariamente el hombro empujando a algunos de los vetustos automóviles que se habían negado a arrancar tras el calón provocado por la breve interrupción de la marcha.
La caravana, acompañada como siempre por las previsoras gruas del RACC (Reial Automóbil Club de Catalunya), Club patrocinador del Rally, en colaboración con la marca Audi, terminó finalmente su periplo en el puerto deportivo d'Aiguadolç a la entrada de Sitges.
Aunque la prensa local apostaba como vencedor del Rally por un La Cuadra, precursor de los Hispano-Suiza, fabricado en Barcelona y vencedor de la primera carrera celebrada en España el año 1899, la victoria en la clasificación general fue alcanzada por un Panhard-Levasor del año 1902.